12 de septiembre de 2011

Tic Tac



Han pasado demasiados días. Pero no ha sucedido casi nada: apenas una hoja que cae tras el cristal, amarilleando precozmente, presagio de un otoño que nadie desea todavía. Todos han estado en la playa, aún huelen a crema solar y aftersun y hablan y se enseñan miles de fotografías, para erigirse cada uno en ganador absoluto de las mejores vacaciones posibles, amén de recónditas y encima baratas y en ésta la niña come paella, aquí mi madre coqueteando con el guía griego, en ésta del brazo de mi marido con la puesta de sol de nuestra vida, otra de la niña y otra más del guía. 
En el fondo, y aunque me dejaría cortar un brazo antes que reconocerlo, me habría gustado que me preguntaran. Y hasta sacar yo también una foto, la única que siempre llevo, y observar las caras que otros pondrían al vernos, poco reconocibles porque nos daba un poco el sol de cara y por las grietas que se han formado en el papel después de tanto tiempo en la cartera,en un espacio en el que ni siquiera cabe del todo, pero inifinitamente hermosos al fin y al cabo.
Ha pasado demasiado tiempo y es mejor que no me pregunten.
Mejor continuemos con el sol y la siesta, la chaqueta a última hora y el champán helado, los desayunos con mermelada de mora y los paseos hasta la playa entre zarzas y pinos;obviemos que una vez me gustó el otoño y amé los inviernos. Aún no puedo abrir la correspondencia y simplemente la amontono hasta que alguien lo hace por mí, o la envío al reciclaje sin consultar siquiera las facturas aunque luego me riñan por no saber cómo disminuye mi cuenta corriente o cuánto he pagado realmente por objetos absurdos que, en esporádicos ataques de actividad, adquiero por internet.
Es septiembre otra vez y nada ha sucedido , sé que en breve, en dos semanas a lo sumo, la piscina se llenará de hojas y habrá que vaciarla. No quiero hacerlo pero el verdín invadirá por completo el estanque y tengo que ser razonable y no echar a perder una piscina tan bonita, me dicen, y tan original, añaden. Dejaré que se salgan con la suya y me quitaré de en medio, me marcharé dos, tres, cuatro días a ver a alguien para que todos respiren tranquilos (léase aliviados) y satisfechos. 
Ha pasado tanto tiempo y ya nadie parece recordarte, prefieren creer en la normalidad que transmito y no tener así que admitir que suceden los días uno tras otro para todo el mundo menos para mí. Y abro la cartera de vez en cuando, siempre tras asegurarme que nadie más anda cerca, y te contemplo unos segundos, los justos para asegurarme de que pasan los días, de nuevo es septiembre, y sin embargo nada me ocurre excepto encargarme de que nada te borre. Y de que siempre sea verano.






2 comentarios:

wraitlito dijo...

...'que siempre sea verano' uyuyuy esa melancolía postvacacional.
Por cierto, cómo me gusta esa palabra 'verdín', yo creía que estaba descatalogada, tú siempre al rescate.
Un abrazo

Anónimo dijo...

¡que bonito! yo también me siento algo extraña con la llegada del otoño. En fin, me ha gustado mucho como todo lo que escribes.