14 de mayo de 2011

Encuentros


 La velocidad tiene, con el tocino, lo mismo que ver que el culo y las témporas. O las churras y las merinas.
Así, con esa lógica que hace que cada uno de los elementos de la comparación se encuentre en las antípodas del otro, ellas también habrían de haber estado abocadas a no toparse jamás. Mucho menos a convertirse en inseparables a los catorce. Afortunadamente, en ocasiones se encuentran el hambre y las ganas de comer y no hizo falta más que un exceso de cupo en informática para acabar compartiendo el lúgubre laboratorio de la planta baja destinado a los pocos alumnos que habían elegido la materia de diseño. Ellas, que no habían escogido encontrarse allí, sí pudieron, en cambio, elegirse la una a la otra. Una, puntual y espigada, había corrido para entrar en el aula y no ser reprendida el primer día de clase y pudo así contemplar cómo, a pesar de haber albergado la esperanza de dar con alguien parecido a ella y tranquilizar a unos padres poco complacidos por las rarezas de cría solitaria, sus compañeros de asignatura eran los mismo seres que nada llamaban su atención. Se resignó, llevaba toda una vida haciéndolo, a continuar callada actuando como si no le importase no tener amigas y sólo cuando se decidió a ocupar un sitio en uno de los pupitres altos de la primera fila reparó en una chica  que entraba en la clase, su rostro velado por una mata indolente de pelo tirando a rubio y con aspecto de estar mortalmente aburrida. Ella, morena impoluta y de maneras suaves, no pudo apartar sus ojos de la otra, un poco azorada al reconocer en alguien en apariencia tan opuesto, a su exacto complemento. Siempre había supuesto que su alter ego tendría un aspecto similar al suyo, entre pulcro y monjil, con la mente en un punto cercano a las nubes y la marca inadaptada social bien impresa en la frente. Y resulta que tenía delante a la mismita encarnación de la animadora americana, rebosando frescura, belleza y salud y sólo la mirada seria y la mueca de desencanto le privaban del galardón a la chica más popular para, sin embargo, enviarla sin remedio al mismo contenedor de olvido y exclusión que el suyo. Y ninguna de las dos tenía especial interés en dejar pasar a la otra más allá de la corrección que suponía compartir mesa unas horas a la semana pero sucedió que, como los amantes que  tratan de no elegirse pero inevitablemente se encuentran, cada una se metió hasta la cocina de los pensamientos de la otra, allí donde se cocinaban vivencias y necesidades pero también basura y miseria.
Encontraron el hueco ínfimo pero suficiente para comprender el vacío y hacerse fuertes en él, en mitad de un mundo vertiginoso y voraz, capaz sólo de premiar el optimismo veloz y deslumbrante de los anuncios publicitarios que no permiten habitantes sin arraigo. Se asomaron alguna vez a las vidas ajenas, como cuando se mira a través del cristal un salón supuestamente más cálido, y no hallaron respuestas convincentes así que pronto abandonaron las tentativas de ciertos abrazos o promesas. Cada vez que alguna regresaba de una de sus escapadas, encontraba a la otra feliz en el reencuentro y sin preguntas que requiriesen de explicaciones que, lejos de aclarar, signicarían nudos de justificación y remordimiento. Tal vez  habían alcanzado algo único y al tiempo anhelado por el común de los mortales, al establecerse en  la parte visible del iceberg mientras el resto permenece en las profundidades agotándose en el esfuerzo de clavar el piolet de la seguridad y la posesión en una superficie helada y por tanto, siempre resbaladiza.  Quedó probado que el día y la noche se mezclan. Y  el agua y el aceite o el blanco y el negro. Porque así suceden ciertos milagros.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen post,¿qué intuyo?.Encuentros, desencuentros, esperanzas evanescentes,cosas imposibles, ¿amores perdidos?. De un asiduo lector.

AEB dijo...

Muchas gracias. Por asiduo y porque te haya gustado.

Anónimo dijo...

Me gustan los sentimientos,es lo mejor de la vida. En esas sensibilidades que ocultamos, pero están ahí. Sentir, para vivir. Pensar para olvidar. Volver a la vida diria despúes de todo. Dejar qua ocurran cosas sin necesidad de forzarlas. Mirar a nuestro alrededor y disfrutar incluso de los encuentros inesperados. Me ha gustado mucho.