9 de febrero de 2011

Conductas supuestamente adultas


1.Transitar por la vida cargando con cierto descreimiento. No demasiado, para no ser confundido con un amargado, pero sí con ese punto de escepticismo que otorga un estatus de  estar por encima del bien y del mal, a la par de eximir de toda responsabilidad o participación en los hechos del mundo en general, y de los actos  individuales en particular.

2. Poseer una capacidad de olvido que hace de los superpoderes de los héroes clásicos una ñoñez exclusivamente salida de  la factoría Disney.  Deberíamos someternos a un estudio científico que explique cómo somos capaces de no soportar en otros aquello que nosotros fuimos, hicimos o dijimos. Como somos mayorcitos, siempre contamos con la muy socorrida justificación de la evolución. Y la madurez. Ja.

3.  Sentar cátedra como sinónimo de hablar. Es ésta una preciosa facultad que permite no ser rebatido jamás, lo que facilita dormir sin hacerse preguntas, cosa muy beneficiosa para el cutis. Tres en uno casero bueno, bonito y barato. 

4. Practicar asiduamente la bipolaridad argumental. Según convenga, se procede a la divagación más absoluta con el fin de que no se  comprenda nada de lo dicho y, principalmente, de no decir nada; optando, también a conveniencia, por el pragmatismo y la economía verbal: porque sí. Y punto. En ambos casos, se pone cara de convencimiento extremo  y se emplea un tono de voz altamente contundente. Como para levantar la mano y atreverse con un ¿me lo repita?

5. Convertirse en una autoridad en conductas, en realidad una sola, tales como: hacerse el sueco ( no mentemos a la sueca), mirar hacia otro lado, tirar balones fuera, a dios rogar para con el mazo dar, escurrir el bulto, tirar la piedra y esconder la mano, ni jugar ni romper la baraja y similares. El refranero nos ampara, alabado sea el señor.

6. Despachar estadios vitales como quien se deshace del envoltorio de una magdalena. Y al mismo tiempo, recurrir a ellos en cada ocasión en  que justificar determinados comportamientos. Es curioso cómo se atrapan y se sueltan traumas diversos, a discreción y sobre todo, a gran velocidad. Tecnología avanzada en i-emociones. 

7.  Mentir. A los demás. Como esto es algo que se achaca especialmente a los niños,a quienes constantemente recordamos que decir mentiras  está feo, hemos perfeccionado la técnica  hasta un nivel mucho más aceptable socialmente, dedicándonos, sobre todo, a mentirnos a nosotros mismos.

Reconozcámoslo: la adultez está  (tan) sobrevalorada.

3 comentarios:

Damián Marrero Real dijo...

¡Me das miedo! ¡qué disección psicológica! (no es broma, oiga).

panta dijo...

...¿Me lo repita? XD

Qué bueno, A.

Ahora que mentas el refranero´, me vino a la mente 'mujer guapa, la que me quiere'
La belleza, como la verdad parece estar relativizada.

Saludos

Anónimo dijo...

molt be, y mol tranquil!!!