23 de enero de 2011

Niñez V





Venga, el próximo que pase es para ti ¿vale?
A esto jugaron miles de tardes de agosto, el agosto de los doce y los trece. En el trecho que cubría el Astoria con Ondarreta, unos cuarenta minutos de caminata que daban para mucho. Para tanto, que se podía hablar y evadirse al mismo tiempo, estar atenta a las palabras y al aroma del verano, siempre barruntando-más de una vez abandonaron la playa a toda pastilla huyendo de la galerna cantábrica-chubasco,contestar a una pregunta y escoger cada día cinco o seis de las fachadas más hermosas de la ciudad, aunque siempre tuvo especial debilidad por un tercer piso al que ella aseguraba una buhardilla privilegiada, con las mejores vistas sobre la bahía.
-Bueno, pero no vale cualquiera. Si pasa de los veintipico no cuenta, que son muy viejos- decía una.
-Y sin son más pequeños que nosotras, tampoco-imponía sus condiciones la otra- a mí no me gustan nada
Y el bochorno parecía menos y no existe ya  paseo que iguale a aquél, recorrido tantas veces, con la otra adolescente, con un nutrido grupo de ellas, sola, en familia, caminado lánguidamente en alguna ocasión o con el paso veloz al que se fue acostumbrado, las más de las veces. El hotel Londres y el Niza, La Perla y ya enfilaban el Paseo de la Concha
-Oye, no estaba nada mal tu chico... eh! a partir de ahora, tenemos que, además, decir hola al elegido ¿vale?, venga, no pongas esa cara, qué vergüeza ni nada, pero si no lo conocemos de nada ni le volveremos a ver... anda, que mucho P. por aquí y por allá, pero eres una cortada.
-Bueno va, decimos hola. Si fueras millonaria ¿en qué hotel te quedarías?
-En el Londres, seguro, menudas vistas al mar. 
-Ya, eso sí. Pero dicen que el María Cristina es mejor, de más lujo todavía. Es donde se alojan los actores cuando vienen al festival... pero vamos, que cuando vivamos en un ático en París no tendremos problema por el alojamiento.
-Hay que vivir en París al menos unos años.
-Sí. Y fumar con boquilla.... joder, ¡vaya tío feo el que acaba de pasar! menos mal que no era el mío. No lo has saludado encima.
-Era feo pero seguro que muy majo, el pobre, ¡no te rías tanto! que tenía pinta de ser muy majo...
-Ya sí, muy majo, pero para que pasen chicos simpáticos no jugamos a esto.


La ciudad no ha vuelto a ser contemplada con la misma mirada, que cambió para siempre una vez superada la veintena. Elegir algo supone abandonar o revisar la querencia por aquello que había tenido un lugar preferente en nuestros afectos. Para cuando decidió amar los campos de trigo, la llanura repleta de ocres, la aplastante inmensidad azul del cielo mesetario y dejar que el sur acabase por modelar un carácter  por entonces tendente a la hosquedad y la melancolía; una parte de todo lo que había sido hasta entonces se le escapó sin que pudiese hacer nada por remediarlo.

 



1 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno, como siempre