1 de diciembre de 2010

Conductas malhumorantes


                                                                                                     A Gorka, por tantas cosas.

1. Que los adultos nos comportemos como niños consentidos, volubles y vengativos. Siempre me ha resultado desagradable la mala baba en general, pero parece más comprensible en personas de corta edad. Mucho más difícil de digerir es, sin embargo, la conducta de  hombres y mujeres hechos y derechos que actúan como auténticos infantes déspotas y mimados, que pagan el cabreo de turno con quienes hallan a su paso y que somenten al resto a los vaivenes de un estado de ánimo que varía a la velocidad del viento que ha pasado por las islas en fechas muy recientes. Los  ahora voy y no te saludo o te grito porque yo soy así y ya veré si, con suerte, me medio disculpo dentro de una semana, aderezados con un narro tu vida allá donde me plazca no importa si es o no justo, pertinente o adecuado, con una eficacia que ríete tú de las filtraciones de wikileaks... envilecen no sólo a quien se conduce de esta guisa sino a todos a quienes no siempre tenemos la habilidad de driblar ciertas actitudes ( de cintura voy escasa, como Ronald Koeman) y si esto sucede en el espacio laboral, el mal ambiente está asegurado. 

2. La cantidad de veces en que parece que el fin justifica los medios.  La situación mundial, de lo macro a lo micro, desde los aspectos realmente serios hasta los más vanales, parece cargar de razón al dicho en cuestión. Como si ya no importase desde dónde y sólo atendiésemos a qué. Me echo a temblar con aquellos a quienes siempre se ve venir tanto  como con los que jamás dejan de darte la espalda, señal inequívoca de que comienzo a no entender nada ni a nadie. Afortunadamente, siempre nos quedará París. Y la ginebra. Y un estúpido (por irrelevante en realidad) 5-0 que consuela a quienes aún creemos que vale apostar por un caballo históricamente  no tan ganador pero también menos prepotente.

3.  Que la singularidad que creemos atesorar se diluya irremediablemente en una masa repleta de singularidades que nunca lo fueron con una exactitud matemática tal que parece imposible que alguna vez creyésemos en ellas de veras. No por repetido, algo es más sabido. Jamás pondré una herencia por delante de mis afectos, no negaré tres veces a aquellos a quienes quiero, esto a mí no me sucederá... y resulta que cumplir años no es sino asombrarse primero y cabrearse mucho después, para acabar aceptando que la vida de uno no es más que la sucesión de las vidas de los que fueron antes. Así que cuidado con las grandes verdades vitales inalterables, pues acaban siendo puestas en entredicho en unos pocos casos, y cabiendo en una simple frase hecha, en otros muchos.

4.  Los personajes que agarran por el cuello y tiran al suelo o otros. Mal siempre. Muy mal si la víctima es la más equivocada posible (y perdonen la frivolidad de hacer una escala en este nivel): Sergio, no creo que duermas tranquilo nunca más. Carles vigila tus movimientos. Sea.