-Me parece que está poco trabajado-dice él sin levantar la vista de los folios- como si te hubieras conformado demasiado pronto con el resultado.
-... sí, bueno, ésa era un poco la idea. Lo escribí a la manera en que se componen esas canciones que brotan de pronto y se graban tal cual, sin pulir demasiado ni afinar los arreglos. Porque es ésa toda su belleza. Y su gracia-responde ella mirándolo fijamente a los ojos.
-No sé, será que te asocio a cosas más pensadas- añade con la mirada vacilante, pasando de un lugar a otro, incapaz de detenerse en el rostro de la muchacha.
-El efecto que buscaba probablemente se pierde una vez que el tiempo pasa y no hay posibilidad de explicar dónde surgió, en qué piedra estaba sentada o a qué olía aquella época. Lamento que no te guste. Aún así, no puedo hacer nada, ha pasado demasiado tiempo y no se puede volver atrás-continúa ella sin apartar sus ojos del rostro del joven.
-No, no se puede. Lo siento- Y por vez primera él la mira frente a frente y asoma a sus ojos algo de verdad.
-Me hubiera gustado que estuvieras-ella aprovecha y se agarra la última frase con toda su voluntad.
Pronto se desvanece, sin embargo, el instante que los había unido de nuevo. Apura él su cerveza y vuelve a hablar
-Estoy muy liado, ya sabes. Pero hay que aceptarme como soy-y se sonríe y esta vez no encuentra reflejo de sonrisa alguna en el rostro de la chica- Estoy con mis cosas, aquí y allá, no tengo tiempo de nada. La obra de casa me ha dejado hecho polvo. Tía, no seas tan dura conmigo, que en el fondo me quieres.
-No es que sea dura o deje de serlo. Es que hace ya unos meses que he dejado de entender el lenguaje que hablas.

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