9 de diciembre de 2009

Pilar


-Abuela, ¿por qué en la foto de la boda vistes de  negro?¿llevabas luto?- pregunta ella.
-Ay hija- contesta la abuela mientras se ríe- en esos tiempos nos pasábamos media vida de negro... no habíamos salido del luto por uno y otra vez vuelta a lo oscuro. Y yo por mi mamá guardé luto mucho mucho tiempo. Aunque a mí me hubiera gustado casarme de blanco, de novia-novia, como dios manda, y habría podido, además.
-¿Y entonces?- pone cara de no comprender
-Por tu abuelo y su familia, por no hacerles un feo... como ellos no eran de muchos posibles y nadie me dijo nada, me pareció que llevar vestido blanco, y velo, y todo eso, era como hacerles de menos a ellos, ya ves, y eran los años de la posguerra y tanta gente se casaba de negro entre una cosa y otra que...
-Mi otra abuela tampoco se casó de blanco, yo pensaba que era una moda de entonces- habla la nieta.
-Noooo, ahora que esa pena tengo, una pena bien gorda. Porque a Maruja no la había costado nada decirme que tu abuelo iba a vestirse elegante, que yo no sé cuánto tuvieron que apretarse el cinturón para aquello.Si yo sé eso. Y ni mú dijo. Que yo, de haberlo sabido, como si quedan dos días para la boda. Mi papá habría ido donde hubiera hecho falta para conseguir un traje. Que Valladolid era muy pequeña como para tener vestido de novia sin llevar meses en la modista pero mi padre, ya ves, lo que hubiera hecho falta. Por mí era adoración, mi papá. A ver, la única niña... que me lo decía él, que como si había que buscar vestido de novia en Madrid o en San Sebastián, nada más hubiera tenido que escoger el que más me gustase.Me pinchas y no me sale sangre el día de la boda... cuando veo a Rafa hecho un pincel y yo sin saber nada, con la ilusión que me habría hecho salir en los retratos de largo y con velo, porque es un recuerdo para toda la vida, y a mi mamá le habría gustado mucho más poder verme así, que aunque ya hacía años que había muerto... pues a mí me queda esa pena, oye, que ella hubiese querido una novia como más novia.
-Murió joven tu madre, ¿no?-
-De cincuenta años. Un día se encontró mal y al rato el médico nos dijo que no había nada que hacer, así, de golpe. Me hizo mucha falta mi madre, normal. Ni me vio casada, ni conoció a sus nietos- suspira y hace una pausa- con lo que me quería. Y yo a ella. Era una señora y no te creas, que en muchas cosas tenía más mando que mi papá, y las cosas muy claras. Me acuerdo que me decía, cuando yo aún era muy joven, que si quería darle el mayor disgusto de su vida, no tenía más que quedar embarazada. Te prefiero muerta que con tripa, conque tú verás, eso me lo decía mucho, a ver, yo tenía que ser una señorita.
-Jolín, un poco exagerado ¿no?-pone cara de horror la nieta- a mí se me ocurren cosas mucho peores, aunque entiendo el disgusto.
-Huy, entonces ésta era una de las peores cosas que podía tocarle a una familia, se consideraba un vergüenza que llevaba no sólo la chica en cuestión sino toda su familia. Que ya ves tú hoy, yo no sé qué ha cambiado, no creo que haya muchas madres que prefieran morir a eso...
-¿Y a ti qué te parecía, abuela?-espera que la opinión de la mujer coincida con la suya.
-Entonces esas cosas no nos parecían bien ni mal. Eran como te cuento. Y si tus padres decían que era así, no había más que hablar. Yo jamás di disgustos en casa ni me peleé con mis padres. Bueno, muchos años después reñí con mi papá. Ya había nacido tu padre, y todos yo creo. Hasta nos dejamos de hablar. Salimos riñendo y le retiré el habla y le prohibí la entrada en mi casa.
- ¿Dejaste de hablar con tu padre?¡no me lo creo!-los ojos como platos sólo de imaginar que su abuela, siempre amable, siempre buena, con mil y una historias que contar, fuese tan implacable con su propio padre.
-Sí hija, lo que estás oyendo. Si mi mamá levanta la cabeza...se vuelve por donde ha venido, fíjate lo que te digo. Que no se le había perdido nada a mi padre con aquélla, válgame Señor, que empeñado en presentármela formalmente, a la Tuerta, a ver a santo de qué...
-¿Cómo?¿la Tuerta?, abuela, pero de quién estás hablando- se asombra la chica por enésima vez en ese ratito.
-Parece que quiere bajar el calor, cómo lo ves tú, me voy a arreglar y nos llegamos hasta la Plaza Mayor a merendar una leche merengada ¿te parece?-cambia de tercio con cierta guasa.
-Vale-cede su nieta- pero otro día me cuentas toda la historia ¿eh?-
-Vale, otro día te cuento toda la historia- y se sonríe mientras se da la vuelta para avanzar por la antesala a pasitos cortos, desmadejados, con fondo de respiración asmática.