22 de octubre de 2009

Hay lugares



Hay lugares tan reales como inciertos. Escribes en tu postal una única frase, poco importante, para que no me pierda en las palabras y mire atentamente la imagen, que para eso es lo importante, dices cada vez que protesto porque paso mucho tiempo sin saber nada de ti y cuando de pronto una cartulina resbala del buzón, el corazón me late deprisa y siempre espero un listado detallado de paisajes, gentes, colores y aromas y encuentro en cambio unas palabras garabateadas con prisa, siempre demasiado breves.Esto te digo cuando te regaño por ello y a continuación tú me revuelves el pelo y sonríes, pero no sueltas prenda.
En ocasiones es sólo un saludo. Para hacerme saber que estás. En otras, invierto  cierto tiempo tratando de decodificar los símbolos y demás metáforas que me haces llegar y aunque al menos me divierte, no suelo comprender en qué consiste el juego.
Tal vez deba yo también enviar postales. Una vez comencé a hacerlo pero no conseguí la levedad necesaria, enseguida me desvío por rutas demasiado extensas. Recuerda que siempre me dijeron que lo mío era una verborrea desbordante.
Así que cojo el abrigo, sí, el largo. Me calzo las botas, ajá, las que me van casi dos números grandes y me lanzo a la calle a encontrar, cómo no, aquella cuyo final no se intuya. Tengo sed de normalidad. Llevo recorridas como doce manzanas cuando caigo que en qué ojalá supiese situar el oriente.