1 de julio de 2009

Verano

Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles…

También me gustan los camiones grises
y muchísimo más los elefantes.
Besar tus pechos,
echarme en tu regazo y despeinarte,
tragar agua de mar como cerveza
amarga, espumeante.

Todo lo que sea salir
de casa, estornudar de tarde en tarde,
escupir contra el cielo de los tundras
y las medallas de los similares,
salir
de esta espaciosa y triste cárcel,
aligerar los ríos y los soles,
salir, salir al aire libre, al aire.

Blas de Otero.

29 de junio de 2009

Música para cuando no hay palabras




Una de mis preferidas.

København



Esta canción me sugiere más el invierno pero aquí está, casi en julio. Más vale tarde que nunca, dicen.

22 de junio de 2009

Nere herriko neskatxa maite

Me pregunto acerca de demasiadas cosas dice mi abuela, pero a continuación añade que eso no es malo. Dice mi abuela que nunca me perderé, que seguramente realice el trayecto más largo, eso sí, por pensar tanto, y el más doloroso también. Lo dice un poco con resignación, mientras se lleva la taza de café a los labios. Me parece muy lista, mi abuela, que no habla demasiado y si puede elige el camino corto. Y así, con pocas palabras y miradas certeras, reconoce ella a cada uno de sus nietos en aquello que nadie más ve.
Y de pronto te sorprende en mitad del arroz con leche de agosto porque sabe que no perteneces ya al lugar que ocupas esos días y que las generaciones de sangre de una misma sangre sólo producen lazos fugaces y momentánea complicidad.
Hoy que quisiera saber por qué suceden cosas como las de Alice y Mattia y por qué nadie hizo nada por remediarlo, hoy que resulta que mis preguntas se me antojan una estupidez, hoy que he decidido dejar de mirarme el ombligo a todas horas y detenerme en la redondez de las cosas sin buscar aristas; hoy han llamado para contarme que ya no tengo abuela. Y pienso en lo ridículo de que sólo tener permita ser y no puedo pensarlo mucho porque según lo hago su rostro se me borra y eso sí que no.
Para que no se pierda, para que mi abuela no se vuele sin remedio y vaya a parar a ese limbo que no es de los curas sino otro, tal vez más terrible incluso, invoco ciertos olores que marquen el sendero que habrá de llevarla donde ella decida-en línea recta, sospecho- sin más compañía que la de un acordeón.
Hoy vuelo tranquila entre estas nubes tan negras y si hay turbulencias, no pienso inquietarme ni esto. A ella, que hubiera querido protegerme de tantas cosas, debe gustarle guiar este viaje, cuidarme en mi camino a su despedida.

http://www.goear.com/listen/9eec2ff/Gartxot-Pello-Ramirez

16 de junio de 2009

Enredos

Me gustaría que, al menos una vez, la vida abriese paréntesis. No pido uno muy grande, me conformo con uno chiquitito, de esos con apertura y cierre muy próximos. Yo sabría expandirlo tanto como fuese necesario.

Qué cosas más extrañas pides, guapa. A ver, ¿para qué querría nadie un paréntesis? Ah, ya, que estás con una metáfora de las tuyas... empieza a hartarme, la verdad, ese lenguaje a medias con el que gastas tus días. Pues nadie te entiende, mona, que mucho hablar como en clave y no te comes un rosco.

Para eso quiero el paréntesis, joder, para dejar de hablar así. Sería como bucear a pulmón pero sin peligro de asfixia. Podría sumergirme en las profundidades y emerger de nuevo para decir aquello que no sé, aquello que no me atrevo a pronunciar porque me paraliza el rechazo o porque algunas frases no tienen mucho sentido a ciertas alturas del juego. Y luego todo se me queda dentro hasta que ya no cabe nada más y acaba por salir, así de inoportuna soy. Y no me como un rosco porque tienes razón, parezco retrasada cuando le digo al panadero que llevo el Cabo de Gata pegado a la piel. Tú misma viste la cara que puso G. en la cena de julio, cuando le pedí que me eligiese, a mí y a mi mundo, después de ocho años sin vernos. Quiero un paréntesis para poder decir a deshora que la canción que en ese momento suena trae el olor de la mañana en la rue de Sèvres y que se me hace grande el estómago porque eso ocurre, porque cumplo años y mis tesoros aún permanecen para aparecer de cuando en cuando. Que suceda y estar obligada a callar, a mirar por la ventana del auto como si esa canción fuese otra cualquiera, me extenúa y hace saltar unas lágrimas raras de puro mías.

Y sí, ójala contase con el regalo de ese lapso en el consciente.
Pues ( )
¿Qué has dicho? perdona, no entendí.
¿Yo? Nada.